Sobre la autora:
Florencia Maciel
Arquitecta y Directora de proyectos en Biotonomy

Introducción
Antes de considerarnos ciudadanos o usuarios urbanos, somos una especie biológica con necesidades profundamente arraigadas en la naturaleza.
La vida moderna —marcada por interiores herméticos, luz artificial y desconexión ambiental— ha generado un desajuste fisiológico que impacta directamente la salud y el bienestar. Desde esta perspectiva, el espacio público verde deja de ser solo un equipamiento urbano para convertirse en una infraestructura esencial para la vida.
La biología humana y el entorno natural
Durante casi el 96% de nuestra evolución, la fisiología humana se moldeó en contacto constante con la naturaleza. Elementos como la luz solar, los cambios térmicos, los sonidos naturales y el contacto con la tierra han sido reguladores clave de procesos biológicos fundamentales.
Entre sus principales efectos:
- Regulación de ritmos circadianos mediante la luz natural.
- Adaptación metabólica a variaciones ambientales.
- Equilibrio del sistema nervioso a través de estímulos naturales.
La desconexión actual se asocia con estrés crónico, trastornos del sueño y desequilibrios metabólicos.
El exterior como sistema regulador fisiológico
El entorno natural actúa como un sistema activo que influye en múltiples dimensiones del bienestar humano. El texto destaca mecanismos clave como:
- Luz natural: sincroniza los ciclos biológicos y mejora el estado de ánimo.
- Grounding (earthing): el contacto con el suelo puede reducir inflamación y estrés.
- Vegetación y microclima: mejora la calidad del aire y el confort térmico.
- Sonidos naturales: favorecen estados de relajación y concentración.
Estos factores configuran entornos biológicamente “legibles” para el organismo humano.
Espacio público como infraestructura sanitaria
La autora plantea que parques, plazas y corredores verdes deben entenderse como infraestructura preventiva de salud pública.
Sus beneficios incluyen:
- Promoción de la actividad física.
- Reducción del estrés y mejora de la salud mental.
- Fortalecimiento del tejido social.
Invertir en naturaleza urbana implica reducir costos sanitarios y mejorar la calidad de vida colectiva.
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Reconocer el espacio público como una necesidad biológica implica replantear la forma en que diseñamos y gestionamos nuestras ciudades. Integrar naturaleza en la planificación urbana no es una decisión estética, sino una estrategia esencial para mejorar la salud, el bienestar y la resiliencia de nuestras comunidades.
Si quieres profundizar en este enfoque y conocer las reflexiones completas de la autora sobre diseño biofílico y salud urbana, te invitamos a leer el artículo completo y a seguir fortaleciendo tu práctica profesional junto a nuestra red.
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