Monitoreo de fauna · Bosque Colomos III
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La acelerada expansión urbana es uno de los principales motores de transformación del paisaje a nivel global: fragmenta los ecosistemas naturales y reduce de forma significativa la biodiversidad asociada (Seto et al., 2012). En ese contexto, los bosques urbanos emergen como elementos clave para la conservación dentro de las ciudades, al funcionar como remanentes de vegetación natural, refugios para la fauna silvestre y espacios estratégicos para la provisión de servicios ecosistémicos esenciales (Aronson et al., 2017).
“El hombre no tejió la trama de la vida; es solo un hilo de ella. Lo que haga a la trama, se lo hace a sí mismo.”
— Jefe Seattle, discurso atribuido (1854)
Los bosques urbanos regulan el clima local, capturan carbono, mitigan el efecto de isla de calor, favorecen la infiltración de agua y mejoran la calidad del aire, además de ofrecer beneficios sociales, recreativos y de bienestar (Bolund & Hunhammar, 1999; Elmqvist et al., 2015). Cuando estos espacios están funcionalmente conectados, actúan como nodos y corredores biológicos urbanos: facilitan el movimiento de organismos, el flujo génico y la persistencia de las poblaciones en paisajes fragmentados (Bennett, 2003; Angold et al., 2006). A ello se suma un profundo significado cultural: son lugares de encuentro, memoria comunitaria, aprendizaje y recreación.
El monitoreo sistemático de la fauna es una herramienta indispensable para evaluar el estado de conservación de estos espacios, detectar cambios en las comunidades biológicas y comprender los efectos de la urbanización (Magurran et al., 2010). En particular, la avifauna se usa ampliamente como grupo bioindicador por su sensibilidad al hábitat, su facilidad de detección y su relevancia ecológica en funciones como la dispersión de semillas, el control de insectos y la polinización (Bibby et al., 2000).
Colomos III: el bosque urbano que florece con la memoria colectiva
En la Zona Metropolitana de Guadalajara —la más poblada del país solo después de la Ciudad de México— los bosques urbanos son algunos de los últimos refugios de biodiversidad. Dentro de ese sistema, el Bosque Colomos III destaca por ser el de incorporación más reciente en la Agencia Metropolitana de Bosques Urbanos, lo que lo convierte en un sitio ideal para estudiar los procesos de colonización, establecimiento y dinámica de la fauna en ambientes urbanos.
Su origen como espacio protegido está directamente vinculado a iniciativas ciudadanas organizadas que, mediante incidencia política, educación ambiental y movilización social, lograron detener proyectos de urbanización y promover su declaración como área de valor ecológico. Esa conservación impulsada desde la base comunitaria no solo resguarda un fragmento de vegetación nativa: establece un precedente en la gobernanza ambiental local, donde la sociedad civil ejerció un rol protagónico en la definición del uso del suelo (Pickett et al., 2001; Ernstson et al., 2008).
El sitio se localiza en la microcuenca La Campana, parte de la subcuenca Atemajac–Colomos, integrada a su vez en la cuenca del río Santiago (Región Hidrológica Lerma–Chapala–Santiago). Su composición florística incluye vegetación de galería asociada a los cuerpos de agua, vegetación secundaria y bosque de pino —dominado por especies del género Pinus, resultado de reforestaciones previas—. En la franja riparia, especies del género Salix estabilizan los márgenes, regulan el flujo hídrico y generan microhábitats para la fauna. A diferencia de Colomos I y II, Colomos III ofrece la oportunidad de analizar etapas tempranas de estructuración ecológica y su integración dentro del mosaico urbano.
La avifauna del bosque Colomos III
El Estudio Técnico Justificativo elaborado en 2008 por el Gobierno de Zapopan —que declaró al sitio “Área Municipal de Protección Hidrológica Arroyo La Campana–Colomos III”— registró 47 especies de aves en 21 familias y 11 órdenes, reflejo de una comunidad en proceso de establecimiento. Los registros más recientes de la Agencia Metropolitana de Bosques Urbanos, a través de la Gerencia de Conservación y Mejoramiento de Ecosistemas, evidencian un incremento notable:
Este aumento se relaciona con la maduración estructural del bosque —en particular con la consolidación del bosque de pino— que ha favorecido una mayor complejidad del hábitat y una oferta más amplia de nichos ecológicos. Las especies abarcan una amplia diversidad taxonómica y funcional, resultado de la coexistencia de ambientes riparios, áreas abiertas, vegetación secundaria y parches de bosque de pino.
Entre los órdenes registrados hay Piciformes (pájaros carpinteros) como Melanerpes uropygialis, Melanerpes aurifrons y Sphyrapicus varius, ligados a árboles maduros y cavidades; y Charadriiformes (aves playeras) como Actitis macularius y Tringa melanoleuca, que usan el arroyo como área de forrajeo temporal.
La diversidad también se manifiesta en rapaces de los órdenes Accipitriformes y Falconiformes. Destacan Accipiter cooperii, Accipiter striatus y Buteo albonotatus, listadas bajo Protección Especial en la NOM-059-SEMARNAT-2010. Se suman Bubo virginianus (búho cornudo), Athene cunicularia (tecolote llanero) y Caracara plancus (caracara), que residen en el bosque de pino y los eucaliptos aledaños. Su presencia sugiere una estructura trófica compleja, capaz de sostener depredadores tope dentro de un entorno urbano.
Durante los muestreos se detectaron poblaciones de especies granívoras e insectívoras —Pheucticus melanocephalus, Sporophila torqueola, Momotus mexicanus— y se confirmó la presencia de especies endémicas de México, entre ellas Amazona finschi (psitácido en peligro de extinción), Turdus rufopalliatus, Melanotis caerulescens y Piaya mexicana.
El caso de Piaya mexicana es particularmente relevante: funciona como indicador de hábitats bien estructurados y conservados, donde la vegetación secundaria madura y los corredores ribereños densos proveen alimento, refugio y desplazamiento. Estas condiciones subrayan la importancia de mantener y restaurar la conectividad entre parches de vegetación y cursos de agua dentro del paisaje urbano.
La presencia de especies nativas del género Salvia ha incrementado la disponibilidad de recursos florales, atrayendo una comunidad diversa de colibríes como Amazilia violiceps, Cynanthus latirostris, Selasphorus rufus y Basilinna leucotis. El Jardín Botánico adyacente, al otro lado de la avenida Acueducto, aporta encinos (Quercus spp.) y vegetación abierta que favorecen aves del sotobosque y granívoras, además de migratorias como Piranga rubra.
El análisis de diversidad verdadera muestra una comunidad de aves muy diversa y bien estructurada. Se registraron 96 especies distintas; al considerar su abundancia, la diversidad “efectiva” equivale a 45 especies con presencia significativa y a 19 especies con mayor peso en el sitio. La comunidad no está dominada por una o dos especies, sino que varias conviven entre sí, señal de un ecosistema equilibrado y maduro.
| Categoría | Especies |
|---|---|
| NOM-059-SEMARNAT · Protección especial | 3 |
| NOM-059-SEMARNAT · Peligro de extinción | 1 |
| Endémicas de México | 7 |
| Nativas | 92 |
| Exóticas | 4 |
Los otros habitantes del bosque
Aunque en menor proporción que la avifauna, se registraron otros grupos faunísticos. Entre los artrópodos se documentaron lepidópteros como Danaus plexippus, Parides moctezuma y Heliconius spp., el coleóptero Tylosis puncticollis y la abeja doméstica (Apis mellifera). Destaca la tarántula endémica del Bosque La Primavera Magnacarina primaverensis, cuya presencia refuerza la importancia del sitio como refugio de biodiversidad regional.
Entre los mamíferos se registraron Didelphis virginiana, Sciurus aureogaster —que se alimenta de los guayabos del sitio— y ejemplares del género Sigmodon, todos indicadores de ambientes con cobertura vegetal suficiente. En reptiles se observaron lagartijas del género Sceloporus y la tortuga Kinosternon integrum, bajo protección especial. No se registraron anfibios en los cuerpos de agua muestreados, posiblemente por la presencia de contaminantes que limitan a este grupo sensible.
Datos complementarios de GBIF y Naturalista (procesados en QGIS) aportan registros confiables de especies que, sin habitar el bosque, lo usan como corredor biológico: una parvada de Ara militaris en 2022, individuos de Buteo brachyurus, Plegadis chihi, entre otros. En reptiles hay registros de Aspidoscelis costatus (2025) y Pituophis deppei (2024); en anfibios, registros esporádicos de Craugastor occidentalis y Eleutherodactylus spp.
El monitoreo de fauna, más allá de la riqueza de especies
El monitoreo constante de Colomos III es esencial para observar su transformación ecológica. El bosque ha madurado: la vegetación se ha vuelto más compleja, con un dosel más cerrado, un sotobosque mejor desarrollado y corredores ribereños. Esa maduración no solo es visible en los árboles, sino también en las aves que lo habitan.
Un indicador clave es el aumento y la estabilización de las especies efectivas: aquellas que no solo están presentes, sino que tienen un papel relevante en la comunidad, señal de un ecosistema más equilibrado y resiliente. Hoy, Colomos III se aleja de ser un bosque en reforestación para convertirse en un hábitat funcional donde conviven especies generalistas, colibríes asociados a flores nativas y aves endémicas de la región.
Este seguimiento sistemático convierte la observación en evidencia, y nos permite tomar decisiones informadas para su conservación. Así, el monitoreo constante confirma que, con lucha, cuidado y tiempo, los bosques urbanos pueden convertirse en verdaderos refugios de vida silvestre y espacios de conexión ecológica en la ciudad.
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Sobre el autor
Juan Pablo Viramontes Márquez
Licenciado en Biología por la Universidad de Guadalajara, especializado en gestión y educación ambiental. Supervisor de monitoreo de fauna en la Agencia Metropolitana de Bosques Urbanos.
Bibliografía y fuentes citadas
- Angold, P. G., et al. (2006). Biodiversity in urban habitat patches. Science of the Total Environment, 360(1–3), 196–204.
- Aronson, M. F. J., et al. (2017). Biodiversity in the city: Key challenges for urban green space management. Frontiers in Ecology and the Environment, 15(4), 189–196.
- Bennett, A. F. (2003). Linkages in the landscape: The role of corridors and connectivity in wildlife conservation. IUCN.
- Bibby, C. J., et al. (2000). Bird Census Techniques (2ª ed.). Academic Press.
- Bolund, P., & Hunhammar, S. (1999). Ecosystem services in urban areas. Ecological Economics, 29(2), 293–301.
- Elmqvist, T., et al. (2015). Urbanization, biodiversity and ecosystem services. Springer.
- Ernstson, H., Sörlin, S., & Elmqvist, T. (2008). Social movements and ecosystem services. Ecology and Society, 13(2), 39.
- Kong, F., et al. (1999). Urban green space network development for biodiversity conservation. Landscape and Urban Planning, 92(3–4), 193–203.
- Low, S., Taplin, D., & Scheld, S. (2005). Rethinking Urban Parks. University of Texas Press.
- Magurran, A. E., et al. (2010). Long-term datasets in biodiversity research and monitoring. Trends in Ecology & Evolution, 25(10), 574–582.
- McKinney, M. L. (2008). Effects of urbanization on species richness. Urban Ecosystems, 11(2), 161–176.
- Pickett, S. T. A., et al. (2001). Urban ecological systems. Annual Review of Ecology and Systematics, 32, 127–157.
- Seto, K. C., Güneralp, B., & Hutyra, L. R. (2012). Global forecasts of urban expansion to 2030 and direct impacts on biodiversity and carbon pools. PNAS, 109(40), 16083–16088.